Librando, parte 2

La segunda jornada fue en parte similar, amaneció nublado pero poco a poco se despejó y el viento no fue tan insistente. Al igual que el día anterior se observaba un marcado descenso de caudal, mucha pecina por las orillas y piedras muy sucias de moco dejaban un olor en el ambiente un tanto desagradable.

Con el frío matutino y el escaso caudal encontré una buena postura para echar un buen rato con las ninfas. No tardé en conseguir las primeras capturas de tamaños contenidos y revolcar alguna otra. Otra bien guapa fue la que llego a la sacadera en apenas 40 minutos de pesca.

Con la sensación de que en cualquier momento iba a clavar algo gordo de pronto me di cuenta de que no se veía el fondo ya, la turbidez del agua era ligera pero me mosqueó bastante. Crucé el río rápidamente pensando en que se podría tratar de un desembalse y quedar atrapado en la orilla contraria. Me quedé observando y vi como el río definitivamente bajaba muy tomado pero el caudal no subía. No entendía nada.

Subí hacia arriba, donde tenía el coche y ya me percaté de lo que estaba pasando: acababa de llegar una excavadora de cadenas al medio del cauce y estaba empezando a arreglar la escollera y la presilla de rocas que se habían llevado las riadas invernales.


Pues nada. Subí hacia arriba pero las tiradas eran escasas, aún así estuve un rato entretenido en un par de zonas pero sin éxito. Me encontré además con varios pescadores por lo que cogí el coche y me fui aún más arriba a comer el bocadillo tranquilamente esperando a que hubiera algo de actividad arriba.

La aparición de los insectos típicos de esta época suscitó una actividad escasa. Alguna trucha se cebaba en los tramos más movidos pero de forma muy aleatoria y sin constancia: era casi como pescar al agua. 


Lo intenté bastante con pequeños betidos oliva pero no cogían la mosca salvo una a la que le pareció apropiada la imitación y que me sirvió para librar el bolo a seca. Me costaba horrores ver la mosca por lo que puse otra imitación similar en parachute con señalizador pero nada, lanzabas sobre las cebadas que se veían pero nunca más volvían a dar signos de actividad. Solo tuve otro par de sorpresivos ataques a la mosca que no pude materializar.


— ATENCIÓN: El artículo pertenece al BLOG de «Fly Spirit Blog» —


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