Junio difícil


Bueno pues parece que la cosa se va estabilizando y los pescadores, aunque tarde, estamos pudiendo disfrutar de los ríos como cualquier otro año por estas fechas. Un par de salidas he tenido este mes con mi compañero Jesús, ambas muy complicadas, con mucho calor y truchas muy apáticas.

La primera de ellas transcurrió en aguas del río Órbigo, un río, a priori, ideal para poder satisfacer nuestras ansias pesqueriles tras los meses de cuarentena, y en parte fue así. Desde muy temprano comenzamos a pescar a ninfa con tranquilidad las distintas posturas que ofrecían las aguas pero con muy poca fortuna. El caudal era bastante bueno para pescar a esta modalidad, las ninfas discurrían como debían pero los ataques no se producían salvo alguna pequeña trucha despistada que se atrevía a comer los engaños.


Fue trascurriendo la mañana y decidí tantear las zonas propicias con el tandem, un trico en parachute y una pequeña ninfa al final me ayudaron a conseguir una trucha más y revolcar algunas, pero lo cierto es que no terminaban de comer bien. 


Mientras tanto Jesús conseguía algunas capturas más, alguna más grande que otra pero en la línea del pobre rendimiento que estaba ofreciendo el río. Hasta media tarde aguantamos pero sin mucha más fortuna que la contada, sin mosca por el río en todo el día y con un sol de justicia es muy complicado sacar algo notable de estas aguas que no sea en el rato del sereno aunque en el amanecer tampoco se dio el caso.


La siguiente jornada transcurrió en la montaña leonesa, concretamente en el valle del Curueño donde pasamos un magnífico fin de semana en compañía de nuestras familias y, como no, había que pisar esas salvajes y cristalinas aguas, algo cortas pero muy pescables todavía.


La verdad es que pocos ríos he conocido con un entorno tan espectacular como este, la belleza del conjunto hace que muchas veces pierdas las atención a la mosca en beneficio del paisaje y sus habitantes. No esperéis fotos de truchas a partir de aquí porque no las hubo; la actividad fue absolutamente inexistente. Pescamos unas 4 horas por la mañana y solo Jesús pudo conseguir una pequeña trucha a ninfa. Entretanto, mi mosca discurría sin sobresaltos por las posturas mientras yo me recreaba con el paisaje.


Un par de pescadores locales nos comentaron que el día pintaba mal, es cierto que estaba fresco, viento de vez en cuando, ratos soleado y ratos nublado, y que quizá por la tarde se diera algo mejor pero no estaban muy convencidos, eso sí, nos comentaron que días atrás se estuvo dando bastante mejor. Al igual que en la jornada anterior, la presencia de mosca fue anecdótica, creo que puedo contar con los dedos de una mano las efémeras y tricópteros que vi en todo el día.

Ya por la tarde, con más sol y más viento volvimos con las moscas a intentar resarcirnos pero fue imposible llevar una sola trucha a la mano. Se produjeron bastantes subidas y al menos tuvimos alguna oportunidad. Truchas eléctricas que golpeaban o sacudían, o simplemente agredían la mosca haciendo imposible su captura, quizá eran pequeñas valientes que no terminaban de comer la mosca, el caso es que nos llevamos una buena cura de humildad de este espectacular entorno.
Por lo demás fue un gran fin de semana, una comarca preciosa que merece la pena visitar de vez en cuando, no solo por su río, ya que la zona ofrece una muy buena gastronomía y una gran variedad de actividades de montaña. En cuanto a pesca, seguro que tenemos más suerte en nuestras próximas visitas al río, no tengo ninguna duda.

 

— ATENCIÓN: El artículo pertenece al BLOG de «Fly Spirit Blog» —


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